La autocrítica irracional censura las ideas
Luego de algo más de un mes sin escribir nada, he decidido tocar un tema que viene rondando en mi mente hace unos cuantos días ya: el resultado de la autocrítica desmedida.
¿Cuál es el interés de hablar sobre esto, en un blog que trata temas más focalizados al diseño, artes o fotografía? En lo personal, es una cuestión que en mi, ha producido que pase un mes sin redactar contenidos para este blog. Y como este espacio busca ser una vía de comunicación profesional, pero también personal, con aquellos de ustedes que gustan leerlo, me parece mucho más sincero, auténtico y provechoso comentarles mis impresiones sobre la autocrítica, voraz, que actúa directamente sobre la creatividad.
Autocrítica y exigencia exagerada suelen ir de la mano, y la finalidad no es hacerme crecer como persona, profesional o diseñador. A veces creo que si, y ahí sobreviene la censura, que no es otra cosa que la vergüenza ante el ridículo, al ser señalado con el dedo. En este tiempo que ha transcurrido sin publicar nada, tuve oportunidad de desarrollar algunos artículos o curiosidades que creí interesantes en compartir, pero cuando decidía transcribirlas para ustedes, aparecía el lado oscuro, la autocrítica, que me decía todo el tiempo "eso no es digno de ser publicado en tu blog".
Si en este punto han seguido leyendo me siento reconfortado, ya que la idea de este artículo no es constituirse como un tratado de piscoanálisis, pero siento que así como sigue ocurriéndome a mi, le pasará a muchos diseñadores gráficos, fotógrafos, músicos, que andan dando vueltas por ahí…
Una de las claves para fluir creativamente, sea en la disciplina que fuera, es darnos oportunidades de equivocarnos, de hacer el ridículo, de no ser los mejores. Cuando el nivel de auto flagelación es elevado, suele obturar los poros creativos de nuestro ser, y el resultado, es el silencio, que en este caso, no es salud.
La experimentación sin un fin determinado, suele ayudar a descontracturar el proceso de diseño, y cotidianamente encuentro que en ese ejercicio aparecen ideas, notas al pie, llamados de atención, o rayos de luz que hacen llevadero el camino.
A veces es bueno no buscar un fin determinado en el diseño, con esto me refiero a poder abocarnos en el trabajo, pero disfrutándolo, probando cosas que creemos como improbables, estéticas que nunca usaríamos para tal o cual proyecto, o simplemente tomar materiales diversos y hacer un collage, todo es válido en tanto y en cuanto aliviane el peso del ser oscuro interno, y nos de paso a crecer como personas y profesionales.
Eduardo Cesario









