El género del autoretrato es apasionante, porque nos expone a nosotros mismos, como sujetos de la producción fotográfica, como reflejo en el fotograma producido, y del sentir interno que aflora necesariamente a través del momento que estamos pasando en nuestras vidas…
Me dispuse a tomar estas fotografías (en realidad, las viñetas que ven abajo son sólo las que considero mejores de la totalidad del set) para un trabajo práctico de la carrera de fotografía que estoy cursando. Y el resultado, puedo asegurarles, es sorprendente.
El instante en que uno se pone frente a la cámara y busca la imagen que no ve, es algo apasionante… sin embargo, estas fotos que se observan aquí, fueron realizadas con cámara digital. Por qué hago incapié en esta diferencia?

En mí van a encontrar a un acérrimo defensor de la fotografía analógica (con negativos), muy a pesar de que soy una persona amante de la tecnología digital. La fotografía analógica da la “magia” de la toma, el no saber realmente que estoy sacando hasta el revelado y copiado… Hace que nos esforcemos por tomarnos el tiempo de estudio de la toma, de pensar que tiempo de exposición es el más adecuado… y así podría seguir nombrando otras tantas “ventajas”.
El tema pasa porque en este caso, originalmente iba a hacer las tomas con un rollo Kodak TRI-X ISO 400, película que requiere un revelado manual, pero por cuestiones de tiempo fundamentalmente, me vi obligado a recurrir a mi cámara digital.
Asi surgió una de las reivindicaciones de la fotografía digital: gracias a mi Olympus 750-UZ, una cámara símil Reflex, compacta y con un objetivo muy versátil, y su diminuto control remoto, es que pude probar diferentes situaciones de luminosidad, sin el riesgo de luego descubrir mis tomas sub o sobreexpuestas.
El equipamiento fue la cámara, un trípode, un teléfono celular y una luz de escritorio. Utilicé parte de una habitación para situar una tela texturada, y un fondo neutro en las más oscuras. Variando velocidades de exposición fundamentalmente, obtuve los resultados que se pueden verse en este post.
Para las fotos con fondo floreado, se usaron unos valores de exposición que van desde 1 segundo a 2, debido a que como la iluminación era puntual sobre mi rostro, y yo quería que se registren bien los colores del fondo (menos iluminado), se debio aumentar el tiempo de exposición.
Para las fotos con remera azul, utilicé el mayor tiempo de exposición que me permite mi cámara: 15 segundos. Necesitaba algo para hacer pinceladas de luz, y con todo ya armado, no tenía una linterna que emita la cantidad de luz adecuada (no mucha, ni dispersa). Es así que me serví de mi telefono celular para armar ráfagas de luz de distintas intensidades, moviéndolo más rápido o exponiéndolo más tiempo al lente…
Como conclusión de todo esto, puedo decir que el autoretrato digital fue muy fructífero, ya que de no haber contado con mi cámara digital, hubiera tenido que trabajar mucho más improvisadamente, ya que sin exposímetro manual, es muy complicado medir la luz reflejada e incidente.
Y por último, esto sirve para mostrar con que pocos elementos puede hacerse una ‘producción’ donde los resultados pueden ser interesantes.
Darse maña y experimentar, ahí está el secreto.